VESTIR CON MÁS COLOR, SIN DISFRAZARTE
Si te apetece empezar a vestir con más color pero no te atreves porque piensas que vas a llamar demasiado la atención, este artículo es para ti.
Mucha gente asocia el color con algo “exagerado” o con looks demasiado llamativos, pero la realidad es que no tiene por qué ser así. El color, cuando está bien elegido, puede ser suave, elegante y perfectamente integrado en tu estilo personal. La clave está en seleccionar los tonos que armonizan con tu belleza natural.
Ahí es donde entra la colorimetría: una herramienta que analiza qué gamas favorecen a tu piel, a tus ojos y a tu cabello. Cuando llevas esos colores, no se ven estridentes ni fuera de lugar. Todo lo contrario: parecen formar parte de ti, realzan tus rasgos y aportan luminosidad a tu rostro.
Mi recomendación es que empieces poco a poco. Por ejemplo:
Un top en un tono que te favorezca y te aporte luz.
Un pañuelo que enmarque tu rostro y resalte tu mirada.
Unos pendientes de color que den un toque especial sin robar protagonismo.
Si aún así te da reparo, combínalos con los colores neutros que ya forman parte de tu armario: negro, gris, beige, blanco, azul marino… Así el color actuará como un detalle equilibrado, no como el centro de atención.
También puedes elegir estampados suaves que incluyan tus tonos favorecedores. Esto hará que el color se integre de forma más gradual y te acostumbres a verte con él sin sentir que “es demasiado”.
Vestir con color no significa transformarte en otra persona ni disfrazarte. Significa expresarte de una forma diferente, aportando frescura y energía a tu imagen, pero siempre sintiéndote tú. Y lo mejor de todo es que, cuando el color está bien escogido, no escucharás “qué color tan llamativo”, sino “¡qué bien te veo!”.
No se trata de llamar la atención, sino de que el color te ayude a transmitir quién eres, con suavidad y armonía. Porque la moda, cuando se adapta a ti, deja de ser una imposición para convertirse en una herramienta que te potencia.